Estiman que la churrería clandestina de Pontevedra pudo surtir a cerca de medio centenar de locales

Indignación e incredulidad a partes iguales entre los negocios «víctimas» de las dos personas denunciadas.

No existía ningún tipo de etiquetado, la trazabilidad del producto brillaba por su ausencia, las condiciones higiénico-sanitarias eran deplorables, cuando no nauseabundas, la estructura del local y su limpieza era totalmente inadecuada, por decirlo suavemente, no disponía de licencia de actividad ni autorización de ningún tipo... Las infracciones que, por el momento, el Seprona de la Guardia Civil y el Servizo de Control de Riscos Ambientais de la Xunta achacan a las dos personas denunciadas en el desmantelamiento de una churrería clandestina son innumerables.

Tras el operativo policial, en la actualidad, las pesquisas se centran, tal y como confirmaron desde la Comandancia, en determinar el alcance geográfico de la operación Churro. La responsable del Servizo de Control de Riesgos Ambientais de Pontevedra, Natalia Botana Rey, precisó que la investigación sigue abierta para «identificar todos los posibles clientes», así como concretar «el ámbito y el alcance de la distribución».

Aunque por el momento se han identificado una decena de locales de hostelería que adquirían los churros que posteriormente comercializaban a estas dos personas, algunas fuentes en el seno de la investigación se mostraron convencidas de que, fácilmente, se podría estar hablando de medio centenar de negocios, tanto en el casco urbano de Pontevedra como en su entorno próximo. No se descarta, incluso, que la investigación abarque la totalidad de la provincia, ya que se localizaron una serie de productos cárnicos manufacturados -hamburguesas y salchichas, principalmente- y embutidos en los que la fecha de consumo preferente había sido rebasada. La hipótesis que se maneja es que tales productos pudiesen ser comercializados en venta ambulante.

En cuanto a los establecimientos que ofrecieron los churros elaborados entre heces de ratones y raticidas a sus clientes, en principio, se consideran que han sido víctimas de los denunciados. Entre los titulares y empleados de estos negocios reinaba ayer un doble sentimiento de incredulidad e indignación ante lo ocurrido.

De este modo, una trabajadora del establecimiento hotelero donde este miércoles se consiguió abortar la entrega de una partida de churros manifestó que nunca desconfiaron de sus proveedores. Y es que, tal y como confesó, el marchamo que les daba estar vinculados a la histórica saga familiar de los Galiano era motivo más que suficiente para fiarse de los denunciados.

En otros negocios, optaron por guardar silencio, mientras seguían sirviendo churros acompañando al café. Sin embargo, a diferencia de lo que venía siendo habitual, en buena parte de los casos eran dulces congelados que cocinaba en los propios locales.

Natalia Botana incidió en que, «si bien, no hemos detectado un peligro en el producto, la probabilidad de que pudieran pasar cosas estaba ahí».

Una panadería, en el punto de mira

La Consellería de Sanidade confirmó la suspensión temporal de la actividad de despacho de pan de una panadería de Rosalía de Castro, en Pontevedra, que, por otro lado, se expone a una multa de tres mil euros por infracciones relativas a la higiene de los productos alimenticios. Entre otras cuestiones se alude a supuestas deficiencias en la limpieza del establecimiento, gestión de residuos, la formación de los empleados y la estructura del local. foto Capotillo

«La gente que haya comido esos churros debe estar tranquila»

Natalia Botana Rey, jefa del Servizo de Control de Riesgos Ambientais de Pontevedra, ratificó ayer que el local carecía «de ningún tipo de registro o autorización sanitaria». Los funcionarios de Sanidade levantaron «acta de todas las deficiencias e incumplimientos que encontramos», al tiempo que recabaron «información de la actividad comercial».

«Es casi indescriptible la situación en que se encontraba», puesto que no disponía de los «requisitos mínimos higiénicos necesarios para hacer una actividad de las características que estaban realizando». Lanzó un mensaje de tranquilidad, ya que, dado que los churros pasan por calor, «la contaminación microbiológica entendemos que no debería de ser, salvo por posterior manipulación (...), un peligro inminente para la salud». Es por ello que Natalia Botana sostuvo que «la gente que haya consumido esos churros debería estar tranquila en ese sentido», así como anunció que «estamos descartando» la posibilidad de que existiera un agente contaminante.

Por lo pronto, en su departamento «no hemos tenido incidencias o noticias de centros de salud relacionadas con el consumo de estos churros, por lo que, en ese sentido, estamos tranquilos».

Consulta la noticia